
En el mes de abril del año 2026 tuve la oportunidad de explorar un rincón verdaderamente desconocido dentro de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Aunque ya había escuchado rumores sobre este recinto, varios conocidos me comentaban que sus puertas casi nunca estaban abiertas al público y que su difusión era muy poca. Fue gracias al programa de turismo municipal de recorridos gratuitos en Guadalajara “Te Quiero Guadalajara” que logré realizar una ruta fascinante por la memoria fúnebre de la ciudad. El recorrido comenzó en el histórico Panteón de Santa Paula (mejor conocido como Panteón de Belén), continuó por el icónico Panteón de Mezquitán y culminó con el hallazgo principal: las enigmáticas Momias de Atemajac del Valle. A continuación, te comparto mi experiencia, mis impresiones personales y una serie de fotografías exclusivas de esta visita.
El inicio de la travesía: un golpe de suerte.
La cita estaba pactada a las 9:00 a.m., en Plaza Guadalajara para iniciar el registro. El cupo era estrictamente limitado a 50 personas, ya que el traslado gratuito se realizaría en un autobús donde nadie podía viajar de pie. Sabiendo esto, llegué desde las 7:30 a.m., y me encontré con una fila bastante concurrida. Conforme pasaban los minutos, la fila crecía. Admito que sentía cierta tensión, no por la temática del trayecto, sino por el temor de no alcanzar uno de esos codiciados lugares. Minutos antes de la hora acordada, el personal de turismo comenzó con el registro. Para mi enorme fortuna, logré asegurar el lugar número 50: el último pase disponible. A mi alrededor el contraste era dramático: frente a mí había rostros de emoción por la aventura; detrás, la evidente decepción de quienes no alcanzaron lugar. A las 9:30 a.m., con el grupo completo y la expectativa en alto, abordamos el autobús para dar inicio al recorrido.
Primera parada: El legendario Panteón de Belén.
El primer destino del itinerario fue el histórico Museo Panteón de Santa Paula, mejor conocido como el Panteón de Belén. Este emblemático espacio se ubica en el centro de Guadalajara (en la esquina de las calles Belén y General Eulogio Parra), a solo 15 o 20 minutos caminando desde la Catedral.
Al descender del autobús, el guía del recinto nos recibió con las indicaciones esenciales para la conservación del sitio, como la prohibición de ingresar alimentos o masticar chicle. Sobre la experiencia en este panteón, te la platico en otro blog que podrás consultar en nuestros archivos, ahí profundizo esa experiencia, pero no puedo dejar de mencionar algunos de sus rincones e hitos más memorables:
- Las gavetas de agradecimientos: Muros donde los visitantes aún depositan pequeños obsequios por los favores concedidos por las almas que ahí descansan.
- La capilla histórica: Espacio religioso donde acudían a misa las personas que padecían lepra durante el siglo XIX.
- Leyendas tapatías: Las tumbas de personajes envueltos en mitos populares como la célebre tumba de Nachito, el Árbol del Vampiro o la dolorosa historia de la mujer sepultada viva.
Más allá del folclor, impresiona la arquitectura de este recinto fundado en 1848 y clausurado en 1896 por el Consejo Superior de Salubridad ante las constantes epidemias de la época. Como dato curioso —y algo que yo mismo desconocía—, fue en el espacio de este panteón donde el cantante Enrique Bunbury filmó en 2014 el videoclip de su canción “Los inmortales”.





El monumental Panteón de Mezquitán.
Terminado el recorrido en Belén, abordamos nuevamente el autobús rumbo a nuestra siguiente parada: el Panteón de Mezquitán. Para este momento, el ambiente del grupo era una mezcla de aventura y fascinación; una atmósfera donde la curiosidad y el respeto convivían en perfecto equilibrio.
El Panteón de Mezquitán se ubica sobre la Calzada del Federalismo, justo a la altura del tradicional Mercado de las Flores (y de un concurrido tianguis de ropa que se instala los martes). Aunque se encuentra más alejado del centro histórico de Guadalajara, su conectividad es excelente: la estación Mezquitán de la Línea 1 del Tren Ligero se localiza justo frente a la puerta principal, conectando fácilmente con las Líneas 2 y 3, mismas que te llevan al centro de Guadalajara, a Tlaquepaque y Zapopan.
A pesar del calor intenso del mediodía, el entusiasmo no decayó. Ingresamos al atrio atravesando un hermoso jardín flanqueado por un mural que evoca los antiguos servicios funerarios. Tras una breve espera mientras el guía confirmaba los permisos de acceso, las puertas se abrieron ante nosotros.
Inaugurado en 1896 para suplir la clausura del Panteón de Belén, Mezquitán es un espacio sumamente amplio donde coexisten joyas de la arquitectura neoclásica y sepulcros modernos. Caminando por su pasillo central, se aprecian secciones históricas muy particulares, como los cuadrantes dedicados a las comunidades francesa y alemana radicadas en Guadalajara.
Entre sus principales atractivos destacan:
- El Mausoleo de Don Jesús Flores Arreola: Un impresionante sepulcro de gran altura perteneciente a una figura clave del Jalisco porfiriano, recordado por su vínculo con la industria tequilera y por ser el antiguo propietario de la icónica Casa de los Perros (hoy Museo del Periodismo y las Artes Gráficas).
- Acceso exclusivo: Aunque este mausoleo suele permanecer cerrado al público general, gracias a la gestión de las autoridades del recorrido pudimos cruzar sus puertas e ingresar a su interior.
(Vista nuestro blog dedicado a la visita del Panteón Mezquitán, entre otras cosas, ahí les compartiré la experiencia y fotografías al ingresar a este Panteón).






El punto culminante: El Cementerio de Atemajac y las momias de Zapopan.
Tras concluir la visita en Mezquitán, nos dirigimos rumbo hacia Zapopan para llegar al Cementerio de Atemajac del Valle, ubicado en la esquina de la calle Ricardo Flores Magón con la Avenida de la Paz.
Nos recibió un atrio sumamente amplio donde convivían visitantes, vehículos y algunos puestos locales de botanas y refrescos. Este cementerio fue fundado a principios del siglo XX y su entrada cautiva de inmediato gracias a su fachada de estilo neomudéjar, cuyos arcos y detalles evocan la arquitectura de antiguas construcciones religiosas.
Al llegar, observamos una carroza estacionada en el acceso. En este panteón existe un espacio acondicionado como sala de «descanso», diseñado para colocar el féretro y permitir que los familiares brinden un último adiós minutos antes de la inhumación. Como en ese instante se llevaba a cabo un servicio fúnebre, el guía nos pidió aguardar unos momentos cerca del ingreso con la discreción y el respeto que el acto merecía, aprovechando la pausa para darnos contexto sobre el recinto.

La experiencia frente a los cuerpos momificados.
Tras concluir la ceremonia de la familia, ingresamos al cementerio. El área habilitada para la exhibición de las momias se localiza justo al ingreso: un espacio pequeño pero fascinante. Para garantizar el orden y la conservación, la visita se organizó en grupos de diez personas.
Hasta la fecha en que se transcribe este blog (Agosto del 2026), el sitio oficialmente no tiene el título de Museo de sitio, es más bien, una exhibición. En ese momento, tampoco existió un guía que explicara la historia individual de cada cuerpo momificado. Sin embargo, se nos brindó el dato central: son cuerpos momificados exhumados entre 2006 y 2007 en el Cementerio de Zapopan Centro. Un detalle técnico fundamental es que todos proceden de gaveteros o nichos columbarios, donde las condiciones de ventilación y baja humedad favorecieron la deshidratación natural, a diferencia de las sepulturas realizadas directamente en tierra. El hallazgo de estos cuerpos ocurrió de manera fortuita, cuando los propios familiares decidieron abrir los nichos para retirar los restos y liberar espacio para futuros usos. Fue gracias a la autorización de las familias que se logró conservar estos cuerpos y dar origen a esta singular exposición.
Aunque la sala es reducida, la experiencia me recordó a mi visita al Museo de las Momias en Celaya, cuyo espacio de exhibición también es acotado en comparación con el monumental museo de su capital en Guanajuato. No obstante, resulta extraordinario contar con un patrimonio mumiológico de este tipo dentro de la propia Zona Metropolitana de Guadalajara; el referente más cercano en la región es el Museo de las Ánimas, ubicado en el municipio de Encarnación de Díaz, Jalisco.

Visita nuestro blog del “Museo de las Momias de Celaya y Panteón Norte: Guía Completa, Historias y Recorrido” ahí te platico esta experiencia en Celaya y te comparto fotografías inéditas.
Cada cuerpo cuenta con una ficha técnica breve. Las momias descansan sobre estructuras metálicas protegidas por vitrinas de cristal que permiten observar de cerca las facciones de sus rostros, el grado de conservación de la piel, el cabello, las uñas, las prendas de época e incluso accesorios religiosos como rosarios. En el momento de mi visita la colección albergaba cinco cuerpos momificados. Al centro destacaba el cuerpo de un infante vestido de blanco, con un moño al cuello y resguardado dentro de su propio ataúd del mismo color. A continuación, les comparto una galería de fotografías para que puedan apreciar en detalle los rasgos de este proceso de momificación natural. Con esta última parada culminó un recorrido verdaderamente inolvidable, que me hizo comprender a la perfección la frustración de quienes no lograron alcanzar un lugar al inicio de este recorrido turístico. Los invito a explorar las demás entregas de nuestro blog y a dejar sus comentarios si ya han visitado de noche el Museo del Panteón de Santa Paula/de Belén; o si ya conocen el Panteón del Mezquitán o si les gustaría visitar las momias de Atemajac.









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