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¿Preservar o Devolver? Mi Revelación como Embalsamador en un Entierro Verde.

abril 10, 2026

El choque entre la tanatopraxia y las reglas de la tierra.

Si me hubieran dicho hace años que un entierro verde podría ser la alternativa ideal a las técnicas de preservación que aplico cada día, no lo habría creído. Como profesional de la tanatopraxia, mi mundo son los químicos; pero la tierra tiene sus propias reglas. En mi primera experiencia con un funeral ecológico, enfrenté una verdad: a veces, el mayor respeto no es la preservación, sino el retorno. Esta es la historia de cómo mi formación profesional entendió lo valioso de la naturaleza.

El llamado de Leo: Un último deseo sin químicos.

Todo empezó con una llamada de mi amiga Laura. Leo, un canadiense de 90 años residente en la CDMX y miembro de un círculo de chamanes, estaba en sus últimos momentos. Su última voluntad era clara: un entierro natural. Me pidieron ayuda para asear el cuerpo con una condición que desafiaba toda mi carrera: nada de químicos. A pesar de mi desconfianza y mis miedos profesionales, acepté el reto de dejarme guiar por la sabiduría de su comunidad.

Adiós al laboratorio: Un ritual vestido de blanco.

Llegué al domicilio y el cambio de paradigma fue inmediato. Me recibió un aroma denso a incienso y una luz cálida; me pidieron vestir de blanco y dejar fuera mi instrumental de laboratorio. Dora, la guía del grupo, fue directa: el objetivo era limpiar y ungir a Leo con aceites y bálsamos para velarlo esa noche. No habría embalsamamiento químico. En la casa estaban cinco mujeres vestidas de blanco más tres familiares. Pasamos a la habitación de Leo, Laura, Dora y yo.

Bañar al alma: El respeto en cada movimiento.

La luz era tenue y el aire pesaba con el aroma del copal. En el suelo del baño, sobre un plástico y acompañado de unas velas, comenzamos a bañar a Leo. Como embalsamador, uno se acostumbra a manipular el cuerpo de cierta manera; aquí, aprendí a tocar con reverencia. Dora pedía permiso a Leo antes de cada movimiento. En ese silencio, interrumpido solo por los rezos que filtraban por la puerta, entendí que estaba ante un ritual de despedida, no ante un procedimiento técnico.

Bálsamos de plantas y granos de café: La química de la naturaleza.

Después del baño, utilicé solo lo esencial: un poco de algodón y una venda blanca para sostener su mandíbula. En lugar de formaldehído, Dora trajo bálsamos de plantas hechos por ella misma que inundaron el cuarto con un olor penetrante. Vestimos a Leo con su ropa elegida y lo envolvimos en una sábana blanca. El toque final me sorprendió: Dora colocó granos de café debajo del cuerpo. Mi participación por esa noche terminó ahí.

El petate y el retorno: Una despedida orgánica.

Días después, Laura me contó el desenlace. No hubo ataúdes de metal ni maderas barnizadas; a Leo lo envolvieron en un petate. Entre cantos y rezos, tuvo una despedida orgánica. Su entierro no fue en una gaveta o fosa sellada de material de construcción, sino una reintegración directa con la tierra. Fue ese recordatorio de que somos tierra y a ella volvemos.

Entierro verde: ¿El último regalo para el planeta?.

El entierro verde es un viaje a nuestras raíces, a ese pasado donde la muerte era una entrega directa a la naturaleza. Para mí, esta experiencia fue un despertar profesional y personal: permitir la descomposición natural es el último gran regalo que le podemos hacer al ciclo de la vida.

¿Habías escuchado hablar de los funerales ecológicos? Si has vivido algo similar o tienes dudas sobre este camino, me encantaría leerte en los comentarios o mándanos mensaje a través de nuestras redes sociales. No olvides que en nuestro canal de YouTube seguimos explorando los misterios y realidades del sector funerario.

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